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sábado, 22 de agosto de 2026

QUERIDA MÍA...


Ya no hay sangre. La tierra, sorbo a sorbo, se la ha bebido, empapando mis ropas y mis huesos. El recogido de mi pelo, deshecho ya sobre la nuca, se mezcla con los terrones ensangrentados, formando hilos que se enredan entre sí. 

En el momento de la descarga, mi cuerpo ya sin vida cayó sobre otro. En la saca de esta noche, ante tanto terror, algunos se abrazaron llorando. Yo quise mantenerme firme y mirar a los ojos de los que nos dispararon. Podía oír cómo reían y gritaban los del pelotón, pero también sentía cómo temblaban sus manos antes de apuntar y afinar el tiro. Algunos vomitaron viendo cómo caíamos a la gran fosa. Por mucho alcohol que llevaran en sus venas, formar parte de la matanza los sacudía.

Aún caliente, mi cuerpo recibió al niño que cayó tras de mí. Lo acogí como la madre que soy, en un abrazo ya eterno. Su sangre se fundió con la mía y juntos cerramos los ojos ya para siempre. Jamás pensé que la crueldad llegara a tanto.

[…] Muero convencida de que cambiaremos el mundo. Nuestras ideas prevalecerán por encima de la muerte y la barbarie. 

Pensad en mí.

No me olvidéis. 

Juntas somos la sal de la tierra.


domingo, 6 de mayo de 2018

ella busca el mar…


Ella busca el mar constantemente.
No hay árbol sin mar de fondo
ni final de calle sin recodo de espuma
y rompeolas.

Brama su oído, que es una cueva marina
turquesa, y cada lágrima leve e invisible
le sabe a piedra blanca.
Está en un acantilado.

Ella busca el mar constantemente
y pasea por asfalto.
Alza la cabeza, agudiza la nariz
y busca el viento, pero queda demasiado lejos.

Piensa en mar. Duerme en el océano que sueña.
Quizá por eso se asfixia. Y cuando despierta,
no lo hace ni en el puerto, ni en el muelle, ni en la isla.

Ella busca el mar constantemente. 

Joaquín Calderón 
SOY COMO PUEDO

miércoles, 3 de agosto de 2016

el norte de mi vida...



De: Lena <lenatavira@gmail.com>
Para: Mario <peatonenamorado@gmail.com>
5 de agosto de 2013  21:50 h

Pasan los días volando en este nuevo tiempo andaluz. Empiezo a recorrer la ciudad sin necesidad de mapas aunque aún busco el norte de mi vida en la brújula que el sur me regala. Las paredes de mi casa siguen sin historia y sin batalla, apenas algunos enseres básicos heredados de la antigua inquilina y una vieja mesa de una tienda de segunda mano que hay en la esquina. Manuel dice que una vivienda no es solo un techo donde dormir, sino un refugio con identidad y alma, la mía. Todo a su tiempo, afirma seguro y cómplice.
Los acontecimientos se suceden inciertos y vertiginosos desde mi primer encuentro con Manuel como si con su llegada mi vida se tambaleara en las aguas movedizas del pasado, tendiendo puentes, abriendo alas […]
Siento que mis pies se aferran torpes e inseguros al borde de un acantilado mientras a lo lejos el horizonte se expande frente a mi mirada inquieta. Una parte de mí se aferra con todas sus fuerzas a la piedra, pero la  otra ya está en el aire y ni una nube la sostiene. Vuelo…

Imagen: Brújula