lunes, 7 de marzo de 2016

es posible bailar...

Lena terminó con dificultad la carta y, a pesar del torbellino de preguntas que le asaltaban, consiguió esbozar una sonrisa y una palabra: gracias. En el camino de regreso a casa hablaron de la vida y de la muerte, de las traiciones, de las huellas que dejamos, de los motivos para seguir respirando, de las pequeñas y necesarias revoluciones, de cómo imaginaban una vida mejor. Las confidencias de la ruta las hizo cómplices. Ambas mujeres empezaban a conocerse. Rosario quería ofrecer a Lena un espacio de confianza y seguridad que apuntalara sus convicciones profundas, fueran las que fueran sus heridas y sus decisiones. Aunque egoístamente también deseaba averiguar si su resistencia y su lucha de antes tenían sentido hoy en su entorno más cercano, se estaba poniendo a prueba. Transformar el mundo es también transformarnos y re-crearnos. Lena captó la señal.
Lena balancea sus pies. En su cabeza resuena Nunca he bailado bien de Joel Reyes y canta en voz baja no pude seguir el ritmo de tus pies, nunca he bailado bien; no supe subir tan alto sin caer, yo ya te lo avisé… Es posible bailar —se reafirma—, aunque ahora avance con el paso cambiado. 


 

martes, 26 de enero de 2016

sueños de dignidad...


Me podréis chupar la sangre
¡y aquí tendréis mis venas!
Me podréis quitar las manos 
¡y aquí tendréis mis brazos! 
Me podréis robar mis pies
¡y aquí tendréis mis piernas!
Podréis, incluso,
despojarme de la vista
¡y aquí tendréis mis ojos!

Podréis sustraerme,
expoliarme,
arrebatarme,
negarme,
violarme…
retirarme todo aquello
que vuestra codicia, usura,
vuestra ambición necesite.
¡Y aquí mismo me tendréis!

Todo me lo podréis quitar.
Todo menos el ansia intacta
de mis sueños de dignidad.

 Imagen: Tomás Guijo

domingo, 10 de enero de 2016

con la verdad del pueblo...


Ellos,
los poetas
de mi pueblo,
errantes,
pobres entre los pobres,
sostuvieron
sobre sus canciones
la sonrisa,
criticaron con sorna
a los explotadores,
contaron la miseria
del minero
y el destino implacable
del soldado.
Ellos,
los poetas
del pueblo,
con guitarra harapienta
y ojos conocedores
de la vida,
sostuvieron
en su canto
una rosa
y la mostraron en los callejones
para que se supiera
que la vida
no será siempre triste.
Payadores, poetas
humildemente altivos,
a través
de la historia
y sus reveses,
a través
de la paz y de la guerra,
de la noche y la aurora,
sois vosotros
los depositarios,
los tejedores
de la poesía...