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martes, 16 de septiembre de 2014

bajo los escombros...


Nadie dijo qué y cómo hacer, pero un propósito común hace de batuta en esta obra colectiva. El entierro es una escena de duelo repetida que protagoniza cada uno de los días. En muchas casas, para dar cobijo a quienes lo perdieron todo, se abren las puertas cual tramoyistas levantando el telón y les ayudan a acomodarse lo mejor posible. -Siéntanse como en familia– les dicen con una sonrisa solidaria. Por los campos de alrededor, entre muros de hormigón y socavones de bombas, hay quienes rastrean el lugar, palmo a palmo, recuperando semillas que, asustadas, no germinaron aún; y si encuentran granos crecidos, los cosechan y guardan la paja. En la calle, una madre le ha comprado un globo a su hijo. Se barren los barrios llenos de cascotes, los escombros de escuelas derruidas, de casas bombardeadas, de granjas arrasadas. Y con esas piedras -por mucho que sigan los ataques- las gentes de Gaza, delimitan nuevos huertos para alimentar y revestir su pueblo con tonos de dignidad.

Fuente: Palabre-ando
 

lunes, 25 de noviembre de 2013

una rebelión de zombis…

Bajo el terror económico impuesto por la crisis, es lógico que el ciudadano anónimo de este país no recuerde cuándo empezaron a irle mal las cosas y, menos aún, el momento en que perdió la autoestima y bajó los brazos frente al poder. Ese olvido es la forma más envenenada de autorrepresión que puede sufrir la conciencia colectiva. Se trata de una aceptación tácita de que todo va mal y que nada se puede hacer para remediarlo, sin que tampoco se logre saber el motivo profundo de esta impotencia, que es de todos y de nadie. Cuando esta represión psicológica se produce, el poder ya no tiene ninguna necesidad de ejercer la violencia para reprimir las libertades y derruir las conquistas sociales adquiridas tras una larga lucha, puesto que es el propio ciudadano el que asume la culpa y se inflige el castigo. Frente a la prepotencia de un Gobierno con mayoría absoluta, que no duda en imponer su voluntad entrando a saco mediante decretos en la vida pública, el ciudadano ejerce el derecho a la huelga, convoca manifestaciones en la calle, grita detrás de las pancartas, incluso es capaz de levantar barricadas, pero, neutralizada su cólera por el miedo a perder lo poco que le queda, acepta de antemano la derrota. Un extraño virus ha anulado su capacidad de rebeldía hasta convertirlo en un zombi. En efecto, este país está a punto de parecer un reino de muertos vivientes, sin que ninguna voz nos haga saber que nuestra tumba, como la de los zombis, está llena de piedras. Muertos vivientes los hay pobres y ricos. Los pobres caminan como autómatas con la cabeza gacha, si bien a veces miran al cielo esperando que se produzca la lluvia de sardinas que les han prometido; en cambio los zombis ricos entran y salen de los restaurantes, joyerías y tiendas exclusivas en las millas de oro, aparentemente felices, aunque observados de cerca, se descubre su rostro crispado por el terror a que su fiesta sea asaltada mañana por una turba de mendigos. Algunos advierten que la carga explosiva está ya en el aire a la espera inminente de la chispa que provoque un estallido social de consecuencias imprevisibles. Pero esta deflagración no será posible sin que antes se produzca un prodigio: que haya una rebelión de zombis, como en otro tiempo la hubo de esclavos.

Fuente: El País
Imagen: gerard-aimé

domingo, 5 de mayo de 2013

entre el miedo y el cabreo…


Algún día se recordará cómo era antaño el paisaje de la pobreza en la ciudad. Lo formaban mendigos galdosianos o posindustriales que se acercaban con la mano tendida a la ventanilla del coche en los semáforos o permanecían arrodillados en la puerta de las iglesias con un plato limosnero en el suelo o se paseaban con un cartón en el que proclamaban su desgracia escrita con letras similares, como salidas de un mismo troquel. Puede que hubiera detrás de esos cartones una secreta organización de mendigos, pero se trataba de una miseria resignada que permitía ejercer una caridad tranquila. Los pobres entonces se limitaban a agradecer la limosna con la humildad requerida y todavía se podía pasar de largo sin dignarse siquiera mirarlos a la cara. Pero un día los pobres comenzaron a multiplicarse en la calle bajo distintas variedades, autóctonos e inmigrantes, y a este espectáculo se añadió un hecho inquietante. Gente corriente, mezclada con pordioseros del común, esperaba al anochecer en la puerta trasera de los supermercados en silencio a que un dependiente arrojara en el contenedor la comida caducada. “Papá, aquí hay una barra de pan”, se oyó gritar a un niño de cinco años desde el interior de un cubo de basura. Hubo un momento en que la pobreza visible, la de toda la vida, cruzó una línea roja, a partir de la cual la bajada hacia la miseria colectiva se produjo por inundación. El oleaje engulló al grueso de la clase media, a los que ya no podían ser ayudados por sus familias o preferían el orgullo con hambre a la caridad. ¿Cuándo sucedió la gran rebelión? Puede que fuera aquel día en que se rompió el equilibrio que existía entre el miedo y el cabreo. Estas fuerzas contradictorias se habían neutralizado mutuamente durante un tiempo. Los que temían perder el trabajo no se atrevían a protestar; los que acababan de perderlo no se decidían todavía a destruir el sistema. La visión de la pobreza en la calle fue cambiando. Sin que nadie se diera cuenta apareció un nuevo paisaje humano. Los viejos mendigos herrumbrosos fueron sustituidos en masa por ciudadanos con corbata, por señoras con collares de perlas y tacones, que pedían limosna en las esquinas con odio, sin ninguna humildad. ¿Cómo se produjo el estallido que puso al Estado patas arriba? Nadie lo sabe.
Fuente: El País

lunes, 18 de marzo de 2013

una fábrica de esperanza...


Somos aquellos que amasan
y no tenemos pan
Somos quienes sacan el carbón
y tenemos frío
Somos quienes no tienen nada
y venimos a tomar el mundo...

Tassos Livaditis 
(poeta griego, 1922-1988)


El inicio de actividades de la fábrica recuperada VIOME representa, dentro de la multitud de formas cooperativas de subsistencia y solidaridad en la Grecia de la crisis, el primer proyecto europeo de producción autogestionada por los trabajadores. Doce de febrero de dos mil trece, siete de la mañana. Una marcha de miles de personas llega frente a la fábrica ocupada VIOME de Salonicco, una ciudad industrial del norte de Grecia. Adentro hay cuarenta trabajadores que desde la mañana comenzaron una nueva forma de producción y de auto-organización. Los trabajadores, reunidos en una asamblea, decidieron ocupar la fábrica, formar una cooperativa y administrarla bajo el control democrático de los obreros. Los pilares son la justicia social, la solidaridad y la auto-organización. Con esta iniciativa no sólo han encontrado la posibilidad de escapar al chantaje que significan las medidas de austeridad impuestas a Grecia; también mandan una señal de esperanza, de unión y de posibilidad en un país que tiene más de dos millones de personas desempleadas -y la cifra va en aumento- y donde las condiciones de vida y de trabajo rayan en la desesperación. La idea es que se generalice y difunda en todas las fábricas y en todos los lugares de trabajo. Como afirman en su comunicado, “sólo a través de una red de fábricas autogestionadas la VIOME será capaz de iniciar y señalar el camino hacia una organización diferente en la organización y en la economía”. la solidaridad, la construcción de una red con otras experiencias de cooperativismo nacidas en los últimos años y la multiplicación reciente en Grecia son el único modo de iniciar un nuevo modelo de desarrollo. Este es el reto... la Grecia de la dignidad y de la justicia social experimenta la posibilidad del control directo y de la autogestión de los medios de producción. El asociacionismo y las asambleas populares, dos formas de autogestión nacidas y crecidas en las luchas de la plaza Syntagma, han desplazado a los grandes distribuidores transformando a los mercados, que ahora ya no tienen intermediarios y son formas verdaderas de aprovisionamiento alimentario. Los precedentes nos llevan sin duda alguna al pasado de los obreros italianos en los años setenta del siglo pasado, o más recientemente a Argentina: Bienvenidos al país fantasma globalizado. Estamos en Argentina, pero podríamos estar en cualquier lado. Fábricas abandonadas, grietas en el cemento, maquinaria oxidada. Pero entre los escombros crece algo, se regresa al trabajo. De hecho, la gente es la que lo retoma. El nuevo lema es: ocupa, resiste, produce. Somos el espejo en el cual se deben ver, el error que deben evitar. Argentina es la tierra desolada que queda de un país globalizado. Somos hacia donde va todo el mundo (del documental The Take de Naomi Klein).

Laura Spont
Imagen: argia

domingo, 27 de enero de 2013

poeta en actos…


En el 160 aniversario del nacimiento de José Martí, ocurrido el 28 de enero de 1853, el papel de los hombres y de los pueblos requiere una mirada reflexiva que parta esencialmente de sus ideas… Una revolución no es un paseo por las riberas del mar o de un río apacible. Es una tormenta. Es una conmoción descomunal que rompe los cimientos de la sociedad. Destructoras para ser constructoras. Y en ese camino le toca a una generación sufrimientos indecibles y placeres memorables. Quien intente triunfar, no inspire miedo: que nada triunfa contra el instinto de conservación amenazado. Y quien intente gobernar, hágase digno del gobierno, porque si, ya en él, se le van las riendas de la mano, o de no saber qué hacer con ellas, enloquece, y las sacude como látigos sobre las espaldas de los gobernados, de fijo que se las arrebatan, y muy justamente, y se queda sin ellas por siglos enteros. A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. De los hombres y de sus pasiones, de los hombres y de sus virtudes, de los hombres y de sus intereses se hacen los pueblos. Los hombres que vienen a la vida con la semilla de lo porvenir, y la luz para el camino, sólo vivirán dichosos en cuanto obedezcan a la actividad y abnegación que de fuerza fatal e incontrastable traen en sí. El hombre debe realizar su naturaleza. Debe el hombre reducirse a lo que su pueblo, o el mayor pueblo de la humanidad, requiera de él. Cuanto rebaje a un hombre me rebaja, y un hombre bajo que viniese detrás de mí, me pesaría como mi propia bajeza. Encender a los hombres quiero, y abrirles los ojos para que con sus ojos vean la luz, y decirles la verdad que sé. Las etapas de los pueblos no se cuentan por sus épocas de sometimiento infructuoso, sino por sus instantes de rebelión. Los hombres que ceden no son los que hacen a los pueblos, sino los que se rebelan. Pelear es una manera de triunfar. No hay más vencidos que los que lo son por sí propios:- por su desidia, su malignidad o su soberbia. Andar es un modo de llegar. La vida no me ha dado hasta ahora ocasión suficiente para mostrar que soy poeta de actos, tengo miedo de que, por ir mis versos a ser conocidos antes que mis acciones, vayan las gentes a creer que sólo soy, como otros tantos, poeta en versos.

Fuente: Rebelión

sábado, 26 de enero de 2013

en el vientre de la ballena...


"Es el secreto de Younes, guardadlo en el vientre de la ballena”, les dijo. “Y tras tres días, tres años y tres décadas, vuestro abuelo Younes saldrá del vientre de la ballena, como salió el primer Younes, y volverá Palestina, y llamaremos a nuestro ueblo, que reconstruiremos, Bab al-Shams"

Ciento cincuenta personas, la mayor parte de ellos palestinos, y un centenar más que lograron entrar al día siguiente, fundaron un pueblo, pero más que eso fundaron una idea, una manera de combatir al gobierno israelí, a su poderoso ejército, a sus armas y soldados. Bab Al Shams, una iniciativa de resistencia pacífica de los comités populares palestinos. Ha consistido, consiste, básicamente en la creación de un pueblo mediante el levantamiento de tiendas en un terreno de los territorios ocupados palestinos, muy cerca de Jerusalén Este, en dirección a Jericó. Su nombre, la Puerta del Sol, podría evocar los movimientos de protesta en España, pero su elección ha tenido un componente poético y hermoso, el libro del libanés Elias Khoury. Visibilizar con su acción el deseo, más que eso, el derecho, de recuperar una tierra que les pertenece. Y hacerlo sin violencia. Con organización y fuerza, con logística y valentía. Llegar y quedarse. Pero además, los ciudadanos, los habitantes de Bab Al Shams no sólo han fundado una manera, sino que han refundado una esperanza, una luz que se reprime una y otra vez desde dentro de sus fronteras pero también desde fuera, la esperanza de que en la acción no violenta, en la resistencia, reside el éxito de su pueblo. Un camino que, admiten ellos, es de largo recorrido, un camino que no les desgasta y por el que, están, estamos convencidos, merece la pena trabajar. Y aunque en muchas, demasiadas ocasiones, no se visibilice en la esfera internacional, la realidad es que dedican mucho esfuerzo en avanzar por ese camino, en hacerlo con sabiduría, y en recorrerlo desde la base de un pueblo, de una sociedad, que se desmarca de posicionamientos políticos, de autoridades e intereses económicos o de simple poder. Mientras tanto, la dureza del día a día, la incómoda y permanente sensación de asfixia que aprieta al pueblo palestino desde hace más de medio siglo continúa en el presente de esta región. Pero una ligera brizna de aire se ha colado por entre los barrotes de los checkpoints, por entre las manos de los soldados que aferran sus armas, por entre las grietas del muro. Una brisa de esperanza.

 Candela Torres 
  Imagen: Bab Al Shams

 

domingo, 16 de diciembre de 2012

narrar nos salva…


Imagínese una superficie de terreno tamaño país, una superficie más bien pampa. Pare aquí y hágalo. Entonces observe cómo una enorme, implacable y violentísima grieta, una grieta como de la uña de dios rascándose la tierra, parte esa superficie por la mitad, de punta a punta. De la grieta mana un aliento helado, flor de parca. Y entonces atienda a cómo, de golpe también, una de las partes (vamos a convenir por razones sentimentales que la parte izquierda) se desploma hacia el abismo hasta frenar suspendida en lo negro. Con esa parte caen todos sus habitantes, evidente, misernautas desnudos, boquiabiertos, apabilados. Y bañados en culpa. Una de las partes de esa tierra que ha imaginado, y que llamaremos España, ha quedado arriba, con cierto miedo a correr la misma suerte que su otra mitad, incluso con la certeza de que va a suceder, pero con cambios mínimos: recortes en sanidad, en atención social, en derechos recientemente adquiridos por las féminas, supresión de algunas pagas, bajada de sueldos… O sea, limaduras del bienestar que en condiciones óptimas resultarían irritantes. Su descontento es comprensible. Luego, los habitantes del bloque desplomado, en un tiempo menor del que tardó el país en declarar que su democracia era tan indestructible como jacarandosa, se han visto privados de ABSOLUTAMENTE TODO. Por las limaduras que han saltado del bienestar que permanece arriba, estos entregarían sonrientes salud y futuro. Escribo desde abajo, desde la mitad desplomada. Hace ya tanto tiempo que vivo en lo negro que mis ojos se han acostumbrado a esta oscuridad y distingo con claridad a los recién llegados. Sabemos, ellos y nosotros, que es inevitable. Desde aquí casi no se ve a los que han quedado arriba, es necesario un ejercicio de memoria. Sabemos cómo viven, qué comen, qué compran, cómo visten y se mueven porque hace poco estábamos ahí. Pero la miseria impone sus olvidos, y creo, no podría asegurarlo, que eso nos salva un poco. Los de arriba, en cambio, no nos miran. No pueden. Quedan los periodistas, los informadores, que tratan en vano de narrar la pobreza, los desahucios, el porqué de este o aquel suicidio. ¿Cómo podrían? Nadie que no haya eliminado carne y pescado de su dieta diaria puede. Si no te han cortado el suministro de luz, o de agua, o ambos, tu idea de la miseria es de plástico perfumado. Por eso yo ahora les sirvo. La desahuciada que narra. Vuelvo al momento en el que todo cambió. Mamá, es un señor. Los helicópteros poniéndole banda sonora a la huelga general inminente. Yo dejando los folios del juzgado sobre una mesa y sentándome a escribir una columna para el diario El Mundo que iba destinada a mi blog  y acabó como noticia de portada durante demasiado rato, todo el día… hay que narrar, enunciarlo es necesario, enunciar nos salva.
Fuente: Rebelión 

 

sábado, 3 de noviembre de 2012

hilvanando dignidad…

Cuando los pueblos se lanzan a la lucha no calculan las relaciones de fuerzas en el mundo. Simplemente pelean. Si antes de hacerlo se dedicaran a examinar las posibilidades que tienen de vencer, no existirían ni los movimientos antisistémicos ni la multitud de levantamientos, insurrecciones y resistencias que están atravesando el mundo y nuestra región. Los y las de abajo nunca actuaron con base en la racionalidad instrumental, como suelen creer los cientistas sociales y los analistas que ven el mundo desde arriba. La gente común aplica en su vida cotidiana, de la que forman parte tanto las resistencias como los levantamientos, una racionalidad otra, hilvanada de indignaciones, sufrimientos y gozos, que los lleva a actuar con base en su sentido común de dignidad y ayuda mutua. Los cálculos racionales, eso que cierta izquierda ha dado en llamar la correlación de fuerzas, no forman parte de las culturas del abajo. Pero tampoco se ponen en acción de forma mecánica, espontánea como gusta juzgar despectivamente los profesionales de la revolución, sino en consulta con otros y otras que comparten los mismos territorios en resistencia. Ahí sí, evalúan y analizan, teniendo en cuenta si ha llegado el momento de lanzar nuevos desafíos. Lo que suele ocupar el centro de sus análisis es si están capacitados para afrontar las consecuencias del desafío, que siempre se miden en muertos, heridos y cárcel. En suma, los de abajo se lanzan a la acción luego de evaluar cuidadosamente la fortaleza interior, la situación de sus propias fuerzas y no tanto las relaciones entre los arribas y los abajos que, salvo excepciones, siempre son desfavorables. Siempre es necesario conocer los escenarios en los que actuamos y de modo muy particular las tendencias de fondo que mueven el mundo en un periodo de especial turbulencia. Si acordamos que el sistema-mundo en el que vivimos está atravesando un periodo de cambios profundos y los modos de dominación mutan con cierta rapidez, seguir el rastro de dichas mutaciones es tan importante para el militante como el reconocimiento del terreno lo es para el combatiente. Siempre que se reconozca que la forma adecuada de conocer es la transformación, la acción y no la contemplación. Una parte de la última camada de movimientos ha perdido su autonomía política e ideológica en este nuevo escenario. Al apostar al mal menor como atajo ante el cúmulo de dificultades en nuestros territorios, los antiguos referentes se convirtieron en administradores estatales sensibles a los problemas de los pobres. En el mejor de los casos, buscan amortiguar los efectos del modelo, pero en todos los casos lo hacen sin cuestionarlo, porque ya se integraron en el mismo… Hemos ingresado en un periodo turbulento marcado por la militarización del planeta y los conflictos armados en gran escala. A los de abajo nos toca enfrentar el mayor desafío imaginable: defender la vida ante el proyecto de muerte de los de arriba. Confío en que en los momentos de caos sistémico no perdamos la brújula y mantengamos el timón firmemente orientado hacia la construcción y reconstrucción permanentes del mundo nuevo.


Fuente: Rebelión
Imagen: pinsta

sábado, 20 de octubre de 2012

de espuma y candil…

Allí, en las calles de La Habana, inspiradoras y esencias de lo narrado, estuvo la autora del libro, Katiuska Blanco; en un trasiego que hoy se nos antoja inocente, sudoroso, febril, como deben ser los estados que arrastran al delirio. Suponemos incluso su terco bregar con adoquines salientes y balcones apuntalados; y nos atrevemos a soñar, porque el título invita, que el desandar la condujo hacia cabezas de leones que gimen con los aldabonazos e indiscretas placas broncíneas sobre personalidades y hechos insólitos. Un libro imaginado sobre una ciudad palpable; que incitó a que nos preguntáramos ―y a preguntarle a Katiuska Blanco ¿hasta dónde la realidad, y hasta dónde la ficción, en Ciudad soñada? ¿Hasta dónde lo verídico, lo cierto, y hasta dónde los mitos populares y el fantasear de la escritora? Las páginas perfilan habitantes pasados y caminantes de hoy, paredes, plazas, estancias, callejuelas, balcones, aposentos y columnas, todos tangibles aunque sea en estampa, pero con referentes impalpables como el tiempo, las sensaciones, los pensamientos, las visiones, las leyendas, los mitos y las fabulaciones que confluyen antes de que los párpados extenuados de la escritora declinen, la luz penetre en la pupila, se agote en los intersticios de la memoria y comience -en plena oscuridad dormida- el mundo de la fantasía, cuando lo bello y lo extraño se entrelazan, lo usual y lo absurdo, la felicidad y el dolor; entonces el tiempo se confunde: es breve, pero tiene apariencia de largura. En el libro puede ser, por ejemplo, que una vida real se desenvuelva en una circunstancia imaginada o que un personaje soñado narre aconteceres ciertos. La Habana es de espuma y candil, como los versos de los trovadores: “espuma, cresta que cuando logra ser ya no es ninguna” y candil “candil de nieve”, algo cálido, fugaz, iluminador y quemante, inatrapable como el agua descongelada al fuego, es decir, pura poesía, eso es La Habana. Ciudad soñada es sendero para aproximarse no solo al cuerpo sino también al alma de nuestra ciudad». Amo La Habana y desde hace muchos años leo historias sobre los acontecimientos que la estremecieron, sobre las vidas que discurrieron aquí o transcurren ahora mismo. El libro es una compilación de remembranzas, ensoñaciones. Las calles estructuran la urbe, nos conducen a sus espacios más abiertos y ruidosos pero también a los recónditos, íntimos y callados. Son las venas que conducen al corazón.


Fuente: Rebelión
Imagen: pescando futuro…

lunes, 24 de septiembre de 2012

líneas que se entrecruzan...



Un día de verano cierto personaje tocó a la puerta de Silvio Rodríguez: “Mire, yo atiendo lo que es Prevención en el barrio La Corbata. Como usted sabe, trabajamos en lugares sensibles, donde hay personas que han sido reclusas, y tratamos de ayudarlas a la reinserción en la sociedad. Como son barrios con determinados problemas, con determinadas carencias, también tratamos de que la gente se conduzca bien, que no se desvíe, no se meta en problemas… Yo vengo a verlo porque cuando usted fue a la prisión de Guamajal, yo trabajaba allí, entonces me di cuenta de que usted es una persona que se preocupa por estas cosas”. Pero a la vuelta de un año o más de la gira por las prisiones, al trovador le parecieron especialmente interesantes sus preocupaciones y la manera en que las enfocaba… aquí hay un material humano que hay que aprovechar, hay que ver qué hay detrás de esto. Se hizo entonces el concierto de La Corbata. Aquel primer concierto fue el precedente de todo un proyecto: una gira por alrededor de treinta barrios de La Habana: El criterio que nos ha guiado es presentarnos en los lugares más necesitados, en los que haya más problemas acumulados, en los sitios más críticos por la razón que sea. Siguiendo esta brújula, además de viejos barrios habaneros, hemos visitado lugares que hasta hace unos años ni siquiera existían. Vecindarios creados por albergues que inicialmente iban a ser provisionales. En ellos ubicaron a familias que por diversas causas perdieron sus viviendas. Algunos llegaron siendo niños y después se casaron, y más tarde han visto crecer a sus propios hijos. Eso sí, en todos esos barrios hay niños con escuelas y con zapatos. La gira por los barrios fue concebida con cierta modestia, sin mucha parafernalia ni divulgación. No he querido hacer un gran show de las visitas a los hogares de la gente. Entre otras razones porque lo que hacemos lo considero una función natural, algo que debe ser cotidiano. Creo que el arte debe salir de los teatros y darse a los ciudadanos que no pueden pagarlo, o a los que no lo visitan por falta de costumbre, o por mitología de clase. Ir a los barrios es hacer justicia a las personas y también a las artes; intentar un granito de arena reparador, rompedor de prejuicios. Busco ver a la gente, tocarla, intercambiar humores, escucharla expresarse para saber la realidad del pueblo, de mis orígenes, a lo que me debo. También busco hacer llegar a esos lugares expresiones que nuestros medios y los medios del mundo difunden poco. Busco amar y ser amado. Encuentro un renacer. Ya sé que alguien podrá decir que es momentáneo. Pero, mientras dura, sabemos que no estamos solos, ni olvidados. Recibimos y damos. Lo sienten ellos y también nosotros. Eso se nos queda en la memoria, a todos. Personalmente me conmueve constatar que la gente de los barrios, a pesar del predominio de lo que está de moda, canta mis canciones. Eso me impresiona... Es como un milagro. Dejo lo que me corresponde dejar. A mí, a cualquier artista: puentes, líneas que se entrecruzan, que nos vinculan y se encienden a la vez, que nos muestran lo humanamente útiles que podemos ser.
Fuente: Rebelión
Imagen: Cubarte



lunes, 10 de septiembre de 2012

reivindicar desde el silencio…


Son muchas las formas y razones del exilio y del autoexilio. Políticos, económicos, culturales, internos; individuales y colectivos. Todos son dolorosos. Por eso lo emplean los poderosos como alternativa a la muerte inmediata contra los que obstaculizan su mordedura insaciable, contra la resistencia, contra quienes califican de sobrantes. Los indígenas que viven en la urbe, lejos de sus comunidades, desplazados por la miseria y el despojo, sufren su exilio mudo, son pupila desintegrada entre innumerables. Sandra Painelifu, mapuche de Neuquén y abogada, es parte de la Comisión de Juristas de Indígenas en la República Argentina. Ha puesto su profesión al servicio de la causa de distintos pueblos indígenas en Argentina y el extranjero. Ahora se dedica a defender a los indígenas 'de ciudad': En mi comunidad nos tocó defender la recuperación de una escuela que estaba asentada en nuestro espacio y el gobierno había cedido su administración a una congregación religiosa. Luego dimos la lucha para que la escuela promoviera nuestra cosmovisión ancestral y finalmente ganamos. Siempre cuestionan que incentivemos una educación intercultural, diciendo '¿Qué pueden enseñar los indígenas?' Para ellos -el Estado y sus extensiones- primero fuimos incapaces, analfabetos, brutos, salvajes. Y en la actualidad somos considerados ignorantes. Nos encontramos frente a distintos niveles de concientización como pueblos. Algunos salen de lo cotidiano y toman estado público. Hablo de los mapuche, guaraníes, aymaras, quichuas, collas, y el pueblo qom del que últimamente tenemos más noticias por la resistencia que están ofreciendo… En general los pueblos indígenas se caracterizan por reivindicar desde el silencio. Y ello tiene que ver con lo que ha significado la asimilación, la segregación, el despojo, el desarraigo. El territorio, en términos universales, no sólo es lo tangible sino donde estamos inmersos y lo que permite recrear la cosmovisión, la espiritualidad, la cultura y el ser persona. Es decir, la tierra para los indígenas es un concepto mucho más amplio que el puro valor económico que comporta; es aquello donde se puede realizar la vida en plenitud y se produce la interrelación entre los distintos elementos que están en la naturaleza donde el ser humano es un elemento más. 
Fuente: Rebelión
Imagen: Runa Kuti

miércoles, 8 de agosto de 2012

ya no siento vergüenza...


A Tomson Chikowero le avergonzaba su trabajo. No quería que nadie supiera lo que hacía para ganarse la vida, así que se levantaba muy temprano y partía de su casa en Hatfield, un barrio residencial de la capital de Zimbabwe, ocultándose en la oscuridad. Volvía después de la puesta del sol, cuando nadie podía verlo cargar los sacos de botellas de plástico que durante el día había recogido de los basureros. Al principio, para Chikowero, un hombre de clase media que antes estuvo empleado en la construcción pero perdió su trabajo en 2010, recolectar plásticos y cajas de cartón de la basura de otras personas para poder revender era una tarea penosa. Pero ahora se ha convertido en uno de varios inesperados embajadores en Harare contra el cambio climático. El recalentamiento planetario ya impactó en el país. Según un estudio divulgado en marzo y titulado "Strengthening national capacity for climate change programme in Zimbabwe" (Fortaleciendo la capacidad nacional para el programa de cambio climático en Zimbabwe), este fenómeno pondrá en riesgo la seguridad alimentaria y el crecimiento económico del país. Sin embargo, la basura tiene un rol que desempeñar en la mitigación del cambio climático en esta nación de África austral. Una publicación de 2010 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, titulada "Waste and Climate Change" (Deshechos y cambio climático), señaló que el reciclaje de residuos era más beneficioso en la mitigación de este fenómeno que otras técnicas.  Así que, cuando Chikowero empezó a recoger basura, tanto él como otros cientos simplemente lo hacían para ganarse la vida en un país con un desempleo de 70 por ciento. Aunque no hay cifras oficiales sobre cuántas personas viven de esto, es común ver a muchas recogiendo residuos en los suburbios de Harare. El mercado es el mayor de la ciudad, y tiene un área organizada para los compradores de materiales reciclables. A menudo las autoridades recurren a la quema de basura como manera de eliminarla, pero esta práctica se considera nociva para el ambiente. El reaprovechamiento de residuos es una buena manera de combatir esto. "Cuando empezamos hacíamos esto solo por dinero, y yo me preguntaba por qué a la gente le interesaba comprar botellas de plástico y cajas de cartón, hasta que nos dijeron qué ocurría con el plástico que nos compraban", relató Chikowero.  Tampoco se había dado cuenta de que, al alentar a las trabajadoras domésticas que le entregaban la basura a separar papeles de plásticos, estaba ayudando a Zimbabwe a mitigar el cambio climático. Actualmente, Chikowero recolecta plástico de 50 bloques de edificios residenciales en el centro de Harare y en las áreas periféricas de Eastlea. Chikowero ha logrado que una de cada tres casas del suburbio de Easlea recicle sus plásticos, y otros hogares empiezan a seguir su ejemplo. "Ahora es un modo de vida", explicó… "Ahora ya no siento vergüenza".
Stanley Kwenda
Fuente: ipsnoticias
Imagen: EFEverde

sábado, 28 de julio de 2012

la auténtica revolución...


Firme defensora y promotora de los derechos de las mujeres, así como del papel que ha desempeñado la mujer en la construcción del proceso revolucionario venezolano. Para Gioconda Mota Gutiérrez, si bien la lucha de la mujer está llena de impedimentos y problemas, tanto en cualquier parte del planeta como en el marco de la revolución bolivariana, no es menos cierto que los procesos de diálogo y construcción comunitaria que se están llevando a cabo permiten ir poniendo en marcha unas políticas públicas de igualdad y de inclusión, así como las correspondientes implementaciones legislativas y judiciales, que afectan muy positivamente a los sectores excluidos. Pobres, mujeres o indígenas empiezan a encontrar espacios de integración y posibilidad de accionar mecanismos para proponer y reivindicar necesidades específicas con las que iniciar procesos encaminados a la reconstrucción de sus vidas. El feminismo revolucionario de Gioconda supera la rigidez de los discursos políticos ortodoxos y, con el fin de empoderar realmente al pueblo, vuelve su mirada afectuosa a los procesos populares, para escuchar sus propuestas y reivindicaciones, para ahondar en su sabiduría. Para Gioconda, el pueblo venezolano acepta el liderazgo personal, pero sólo en la medida en que opera al servicio de un beneficioso proceso de transformación social, popular y colectivo; aúna iconos -objetos del amor, nacidos del corazón- con reflexiones políticas -teorías, autores-; y en definitiva, relaciona y sintoniza el espontáneo universo de los sentimientos con el resultado de las conquistas políticas. Decía Alain Touraine que el feminismo es la mayor revolución puesta en marcha en la Historia de la Humanidad. Y la más hermosa, dice Gioconda. Ciertamente, sólo desde una perspectiva feminista y revolucionaria, en oposición al binomio capitalismo-patriarcado, orientando la actividad política a procesos populares absolutamente equitativos y horizontales, podremos implementar la reivindicación del amor como fenómeno de progreso colectivo. El amor deviene, entonces, en potente herramienta antiautoritaria y de construcción política al servicio de la población. Desde la facultad de sentir afectivamente, de identificarnos y vincularnos con las demás personas, de confiar y sensibilizarnos, de admirar y compartir, de crear lazos éticos y solidarios, de establecer relaciones fundamentadas en la libertad mutua o de concatenar los procesos vitales (gestación, crianza, cuidados, dedicación a las personas) podemos avanzar hacia la exigencia y consecución de la plena y efectiva igualdad… [En palabras de Ernesto Che Guevara] la auténtica revolución tiene su base en el amor.
Fuente : Rebelión

lunes, 23 de julio de 2012

subversión del tiempo…


Observando los movimientos del 2011 puede verse cómo han desarrollado una temporalidad específica. Estos movimientos muestran características nuevas, tanto en la definición de la temporalidad como en la determinación la propia colocación espacial. Surge la hipótesis de que “una ontología dinámica del ser social” pueda proponerse de forma original y radical. Lo que es interesante y nuevo en estas luchas no es su lentitud o velocidad, sino más bien la autonomía política con la que gestionan la propia temporalidad. Esto indica una enorme diferencia con los ritmos rígidos o histéricos de los movimientos alter-globales, que seguían los meetings de las cumbres gobernativas de principios de este siglo. La temporalidad es veloz o lenta, en la medida de la intensidad viral de comunicación de las ideas y de los deseos que, en cada caso, establecen síntesis singulares… las decisiones constituyentes de las acampadas se toman a través de construcciones complejas y negociaciones de conocimientos. No hay ningún líder o comité central que decida. El método deviene esencial, como lo es el discurso programático. Las luchas del 2011 han tenido lugar en sitios muy diversos y sus protagonistas tienen formas de vida muy diferentes… las prácticas, las estrategias y los objetivos, siendo diferentes, han sido capaces de conectarse y de combinar diversas luchas plurales en un proyecto singular, de crear un terreno común. El nexo de unión puede ser inicialmente lingüístico, cooperativo y basado en la red. Pero este lenguaje común se propaga rápidamente a través de procesos de decisión horizontales, lo que requiere una autonomía temporal. Esto comienza a menudo por pequeñas comunidades o barrios. Un verdadero pluralismo de las luchas emerge desde tradiciones diferentes y expresa diferentes objetivos combinados en una lógica federativa y cooperativa –a fin de crear un modelo de democracia constituyente en el que las diferencias sean capaces de interactuar y de construir nuevas instituciones –como decía Spinoza, desde abajo pero con gran potencia efectiva. Contra el capital global, contra la dictadura de las finanzas, contra los biopoderes que destruyen la tierra, y por un acceso libre y la autogestión del común. La próxima fase de los movimientos consistirá entonces no solo en vivir nuevas relaciones humanas, sino en participar desde abajo en la construcción de nuevas instituciones. Si hasta ahora habíamos construido la “política de la pluralidad” ahora debemos poner en marcha la “máquina ontológica” de la pluralidad misma.
Fuente: Rebelión

sábado, 21 de julio de 2012

convertir espadas en arados…


Hace setenta y cinco años la ciudad española de Guernica fue bombardeada y quedó reducida a escombros. El ataque contra Guernica fue la primera vez en la historia europea que una ciudad civil fue destruida por completo mediante un bombardeo aéreo. Si bien las casas y las tiendas fueron destruidas, varias fábricas de armas, un puente de importancia clave y las líneas ferroviarias quedaron intactos. Activo y lúcido a los 89 años de edad, Luis Iriondo Aurtenetxea se sentó junto a mí en la oficina de la organización Gernika Gogoratuz, que en vasco significa “Recordar a Guernica”. Cuando Guernica fue bombardeada Luis tenía 14 años y trabajaba como asistente en un banco local.  "El bombardeo seguía y seguía... Cuando terminó, salí del refugio y todo el pueblo estaba ardiendo, todo era fuego”. Luis y su familia fueron refugiados de guerra durante muchos años y finalmente regresaron a Guernica donde Luis vive y trabaja como pintor. A unas cuadras del estudio de Luis se encuentra una de las fábricas de armas que se salvó de la destrucción: una planta donde se fabricaban armas químicas y pistolas, denominado edificio Astra. Hace algunos años, un grupo de jóvenes ocupó la planta abandonada para exigir que fuera transformada en un centro cultural. Oier Plaza es un joven activista de Guernica. De pie junto a la planta, me dijo: “En un principio, la policía nos expulsó, pero la volvimos a ocupar. Finalmente, la alcaldía compró el edificio, luego comenzamos este proceso de recuperar el edificio para crear el proyecto Astra”. El objetivo del proyecto Astra es convertir esta fábrica de armas en un centro cultural donde se dicten cursos de arte, video y medios audiovisuales en general. “Creo que debemos mirar el pasado para poder comprender el presente, y si entendemos el presente podremos crear un futuro mejor. Y creo que Astra es parte de ese proceso: forma parte del pasado, del presente y del futuro de esta ciudad”. Desde el “Guernica” de Picasso al autoretrato de Luis Iriondo Aurtenetxa junto a su madre, pasando por la iniciativa de Oier Plaza y sus jóvenes amigos, el poder del arte de convertir espadas en arados y de resistir a la guerra se renueva constantemente.
Fuente: Democracy Now