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lunes, 25 de noviembre de 2013

una rebelión de zombis…

Bajo el terror económico impuesto por la crisis, es lógico que el ciudadano anónimo de este país no recuerde cuándo empezaron a irle mal las cosas y, menos aún, el momento en que perdió la autoestima y bajó los brazos frente al poder. Ese olvido es la forma más envenenada de autorrepresión que puede sufrir la conciencia colectiva. Se trata de una aceptación tácita de que todo va mal y que nada se puede hacer para remediarlo, sin que tampoco se logre saber el motivo profundo de esta impotencia, que es de todos y de nadie. Cuando esta represión psicológica se produce, el poder ya no tiene ninguna necesidad de ejercer la violencia para reprimir las libertades y derruir las conquistas sociales adquiridas tras una larga lucha, puesto que es el propio ciudadano el que asume la culpa y se inflige el castigo. Frente a la prepotencia de un Gobierno con mayoría absoluta, que no duda en imponer su voluntad entrando a saco mediante decretos en la vida pública, el ciudadano ejerce el derecho a la huelga, convoca manifestaciones en la calle, grita detrás de las pancartas, incluso es capaz de levantar barricadas, pero, neutralizada su cólera por el miedo a perder lo poco que le queda, acepta de antemano la derrota. Un extraño virus ha anulado su capacidad de rebeldía hasta convertirlo en un zombi. En efecto, este país está a punto de parecer un reino de muertos vivientes, sin que ninguna voz nos haga saber que nuestra tumba, como la de los zombis, está llena de piedras. Muertos vivientes los hay pobres y ricos. Los pobres caminan como autómatas con la cabeza gacha, si bien a veces miran al cielo esperando que se produzca la lluvia de sardinas que les han prometido; en cambio los zombis ricos entran y salen de los restaurantes, joyerías y tiendas exclusivas en las millas de oro, aparentemente felices, aunque observados de cerca, se descubre su rostro crispado por el terror a que su fiesta sea asaltada mañana por una turba de mendigos. Algunos advierten que la carga explosiva está ya en el aire a la espera inminente de la chispa que provoque un estallido social de consecuencias imprevisibles. Pero esta deflagración no será posible sin que antes se produzca un prodigio: que haya una rebelión de zombis, como en otro tiempo la hubo de esclavos.

Fuente: El País
Imagen: gerard-aimé

sábado, 22 de junio de 2013

no me queda otra que soñar…


Tras horas de caminata por las laderas más escarpadas de los bosques marroquíes que bordean Melilla, en medio de lo más sombrío, abrupto y yermo de las lomas, por un momento tienes la sensación de estar en un hogar, de sentirte como si departieras en casa de un familiar. Alrededor, más de doscientas historias cargadas a la par de miseria y esperanza; más de doscientas vidas que esperan su momento para jugársela a cara o cruz cruzando una injusta valla. La artífice de este milagro es Aissatou, la única mujer de todos los campamentos del monte Gurugú… La vida de Aissatou es una verdadera historia de superación; un tener que reinventarse a cada contratiempo que la subsistencia le ha ido poniendo en lo largo de su arduo caminar. Según nos cuenta, es liberiana de nacimiento, huye a Costa de Marfil con tan sólo siete años después de que sus padres fueran degollados en su presencia. Huérfana, pobre y refugiada, sufre abusos constantes hasta que siendo adolescente conoce a su marido, un militar con el que se casa en un país inmerso en una encarnizada Guerra civil. Estando embarazada del cuarto hijo, se desata la Segunda Guerra Civil marfileña. Una cruel batalla racial en la que Aissatou quedará viuda. Se acababa de quedar sola con un bebé recién nacido, que ya no conocería a su padre, y con otros tres chiquillos de corta edad. Carecía de ingresos, no había quien pudiera ayudarle y el desasosiego constante de que alguna de las masacres que se sucedían en todo el país pudiera hacer más daño a los suyos rondaba su cabeza día y noche. Así que vendió lo poco que tenía y se dispuso a realizar un largo viaje: “No quería que mis hijos vivieran lo que yo viví. No quería que acabaran como su padre. Puede parecer irresponsable estar ahora aquí pero estamos vivos y muy cerca de nuestros sueños. Si nos hubiéramos quedado, a lo mejor ahora no podría estar contándolo”. Salió de Costa de Marfil y durante veinticinco días recorrieron media África hasta llegar a Rabat. Y así es como hace casi cinco meses Aissatou y sus pequeños terminan llegando a los refugios en donde los subsaharianos varones esperan para poder cruzar la valla de Melilla. Todos se preguntan: ¿Por qué no fue a los campamentos que hay alrededor de la ciudad de Nador donde están instalados las mujeres y los niños? La respuesta es tan sencilla como demoledora: “Mi intención es llegar a Melilla. Sé que no puedo saltar la valla y menos con cuatro hijos, pero tampoco puedo pagar una patera o un coche para pasar la frontera y no estoy dispuesta a venderme para lograrlo. Sólo quiero que mis hijos tengan un futuro y disfruten de una vida digna que yo no he podido tener y que ahora mismo no puedo ofrecerles. Espero que algún día Europa le devuelva a mis hijos todo lo que África me ha ido robando”. “Sueño con un futuro mejor, no me queda otra que soñar y no perder la esperanza. No me queda dinero y no tengo a nadie… Sólo quiero lo mejor para mis hijos y hago lo que haría cualquier madre: no dejar de luchar”.

lunes, 18 de marzo de 2013

una fábrica de esperanza...


Somos aquellos que amasan
y no tenemos pan
Somos quienes sacan el carbón
y tenemos frío
Somos quienes no tienen nada
y venimos a tomar el mundo...

Tassos Livaditis 
(poeta griego, 1922-1988)


El inicio de actividades de la fábrica recuperada VIOME representa, dentro de la multitud de formas cooperativas de subsistencia y solidaridad en la Grecia de la crisis, el primer proyecto europeo de producción autogestionada por los trabajadores. Doce de febrero de dos mil trece, siete de la mañana. Una marcha de miles de personas llega frente a la fábrica ocupada VIOME de Salonicco, una ciudad industrial del norte de Grecia. Adentro hay cuarenta trabajadores que desde la mañana comenzaron una nueva forma de producción y de auto-organización. Los trabajadores, reunidos en una asamblea, decidieron ocupar la fábrica, formar una cooperativa y administrarla bajo el control democrático de los obreros. Los pilares son la justicia social, la solidaridad y la auto-organización. Con esta iniciativa no sólo han encontrado la posibilidad de escapar al chantaje que significan las medidas de austeridad impuestas a Grecia; también mandan una señal de esperanza, de unión y de posibilidad en un país que tiene más de dos millones de personas desempleadas -y la cifra va en aumento- y donde las condiciones de vida y de trabajo rayan en la desesperación. La idea es que se generalice y difunda en todas las fábricas y en todos los lugares de trabajo. Como afirman en su comunicado, “sólo a través de una red de fábricas autogestionadas la VIOME será capaz de iniciar y señalar el camino hacia una organización diferente en la organización y en la economía”. la solidaridad, la construcción de una red con otras experiencias de cooperativismo nacidas en los últimos años y la multiplicación reciente en Grecia son el único modo de iniciar un nuevo modelo de desarrollo. Este es el reto... la Grecia de la dignidad y de la justicia social experimenta la posibilidad del control directo y de la autogestión de los medios de producción. El asociacionismo y las asambleas populares, dos formas de autogestión nacidas y crecidas en las luchas de la plaza Syntagma, han desplazado a los grandes distribuidores transformando a los mercados, que ahora ya no tienen intermediarios y son formas verdaderas de aprovisionamiento alimentario. Los precedentes nos llevan sin duda alguna al pasado de los obreros italianos en los años setenta del siglo pasado, o más recientemente a Argentina: Bienvenidos al país fantasma globalizado. Estamos en Argentina, pero podríamos estar en cualquier lado. Fábricas abandonadas, grietas en el cemento, maquinaria oxidada. Pero entre los escombros crece algo, se regresa al trabajo. De hecho, la gente es la que lo retoma. El nuevo lema es: ocupa, resiste, produce. Somos el espejo en el cual se deben ver, el error que deben evitar. Argentina es la tierra desolada que queda de un país globalizado. Somos hacia donde va todo el mundo (del documental The Take de Naomi Klein).

Laura Spont
Imagen: argia

domingo, 16 de diciembre de 2012

narrar nos salva…


Imagínese una superficie de terreno tamaño país, una superficie más bien pampa. Pare aquí y hágalo. Entonces observe cómo una enorme, implacable y violentísima grieta, una grieta como de la uña de dios rascándose la tierra, parte esa superficie por la mitad, de punta a punta. De la grieta mana un aliento helado, flor de parca. Y entonces atienda a cómo, de golpe también, una de las partes (vamos a convenir por razones sentimentales que la parte izquierda) se desploma hacia el abismo hasta frenar suspendida en lo negro. Con esa parte caen todos sus habitantes, evidente, misernautas desnudos, boquiabiertos, apabilados. Y bañados en culpa. Una de las partes de esa tierra que ha imaginado, y que llamaremos España, ha quedado arriba, con cierto miedo a correr la misma suerte que su otra mitad, incluso con la certeza de que va a suceder, pero con cambios mínimos: recortes en sanidad, en atención social, en derechos recientemente adquiridos por las féminas, supresión de algunas pagas, bajada de sueldos… O sea, limaduras del bienestar que en condiciones óptimas resultarían irritantes. Su descontento es comprensible. Luego, los habitantes del bloque desplomado, en un tiempo menor del que tardó el país en declarar que su democracia era tan indestructible como jacarandosa, se han visto privados de ABSOLUTAMENTE TODO. Por las limaduras que han saltado del bienestar que permanece arriba, estos entregarían sonrientes salud y futuro. Escribo desde abajo, desde la mitad desplomada. Hace ya tanto tiempo que vivo en lo negro que mis ojos se han acostumbrado a esta oscuridad y distingo con claridad a los recién llegados. Sabemos, ellos y nosotros, que es inevitable. Desde aquí casi no se ve a los que han quedado arriba, es necesario un ejercicio de memoria. Sabemos cómo viven, qué comen, qué compran, cómo visten y se mueven porque hace poco estábamos ahí. Pero la miseria impone sus olvidos, y creo, no podría asegurarlo, que eso nos salva un poco. Los de arriba, en cambio, no nos miran. No pueden. Quedan los periodistas, los informadores, que tratan en vano de narrar la pobreza, los desahucios, el porqué de este o aquel suicidio. ¿Cómo podrían? Nadie que no haya eliminado carne y pescado de su dieta diaria puede. Si no te han cortado el suministro de luz, o de agua, o ambos, tu idea de la miseria es de plástico perfumado. Por eso yo ahora les sirvo. La desahuciada que narra. Vuelvo al momento en el que todo cambió. Mamá, es un señor. Los helicópteros poniéndole banda sonora a la huelga general inminente. Yo dejando los folios del juzgado sobre una mesa y sentándome a escribir una columna para el diario El Mundo que iba destinada a mi blog  y acabó como noticia de portada durante demasiado rato, todo el día… hay que narrar, enunciarlo es necesario, enunciar nos salva.
Fuente: Rebelión 

 

martes, 4 de diciembre de 2012

esa luz eres tú…



Que el turrón no te sepa a prima de riesgo
Ni el cava a agencia de calificación
Acuérdate de qué bello es vivir
Y que a veces puede ser dulce hasta el carbón

En los muros de Gaza, en las calles de Calcuta
No crecen abetos de oropel
Que no olviden pasar los reyes magos de Bruselas
Antes de llegar a Belén

Golpea, golpea bien la pandereta
Sacude con fuerza el almirez
Brindemos por los ausentes que hoy tendrán su propio cielo
Bajo el muérdago yo te esperaré

Si tengo que cantar te lo digo cantando
Te deseo una hermosa navidad
Aunque para mí todos los días son noche buena
Si tengo el amor que me das

Siempre hay una luz en cada horizonte
Refulgente, intensa y azul
Contempla bien frente a tu ventana
Porque este año esa luz eres tú

Esa luz eres tú

 

lunes, 7 de mayo de 2012

de otra manera...

Hace más o menos un año, centenares de miles de personas salieron a la calle con una alegría y una determinación inéditas en los últimos tiempos. La convocatoria no provenía de los canales habituales, pero la rotundidad del mensaje consiguió aunar voces heterogéneas en un solo grito: no somos mercancías en manos de políticos y banqueros. La insumisión era explícita respecto a las reglas de un sistema político, y económico, que se identifican como incompatibles con el cumplimiento de los derechos ciudadanos más básicos. La idea de que la dinámica económica en marcha nos conducía aceleradamente hacia la barbarie social estaba en el sustrato de la protesta. La pancarta desplegada en Sol aquel 15 de mayo -"vuestra crisis no la pagamos"- insistía en la centralidad de la crítica económica como parte fundamental de la indignación. La principal aportación de la "sacudida de mayo", y del trabajo incansable y sistemático que desde entonces se viene desarrollando desde múltiples ámbitos del movimiento -entre los que cabe destacar la labor insustituible de los grupos de trabajo de economía consolidados a partir de los grupos motores de Sol y Plaça Catalunya-, corre el riesgo de pasar desapercibida. Pero es de una importancia crucial: la economía ha bajado a la calle. Romper la ficción interesada de que en economía, y especialmente en un contexto de crisis como el actual, "las cosas no pueden ser de otra manera", es un primer paso fundamental para avanzar hacia una sociedad más democrática. Es crucial, porque es la mejor forma de visibilizar de una forma práctica y eficaz que las cosas sí pueden ser de otra manera. El proceso es lento, y no está exento de problemas y contradicciones. Llevamos un año sembrando, alimentando pacientemente el cuestionamiento de un sistema económico que se ha demostrado incapaz de garantizarnos una vida digna. Es una tarea fundamental, previa, necesaria, aunque no siempre goce de la visibilidad correspondiente. Podemos pensar que el trecho recorrido es poco, en comparación con todo lo que queda por hacer. Pero lo más importante en lo que podemos pensar es en cómo, a partir del 16 de mayo de 2012, seguir dando pasos en esta dirección.
Fuente: Público

viernes, 4 de mayo de 2012

economia de los cuidados...


Las trayectorias de vida de las mujeres son muy diferentes en distintas partes del mundo, pero tienen algo en común (aunque los grados de intensidad varíen mucho). Incluso en tiempos de relativo desahogo social, siguen siendo víctimas de discriminaciones sociales, salariales, de discriminación en el acceso a la tierra o la propiedad, víctimas de acosos sexuales y de la violencia en el espacio doméstico y en el trabajo, del bloqueo del acceso a la esfera pública y a la actividad política. En tiempos de crisis, este sufrimiento injusto no sólo se mantiene, sino que se agrava. En los países del sur global, la crisis ecológica, del extractivismo de materias primas, alimentaria, por ejemplo, tiene especial incidencia en las mujeres africanas, asiáticas y latinoamericanas que tienen a su cargo la responsabilidad de buscar agua (cada vez más lejos, más escasa y contaminada), buena parte de las tareas agrícolas y la preparación de los alimentos. Siempre que hay guerra, mujeres, niños y niñas son las principales víctimas inocentes. Siempre que surgen movimientos de resistencia, ellas están en el frente de lucha. En los países del norte global, la reciente crisis financiera está afectando a las mujeres de múltiples maneras, algunas poco visibles. A menudo, sin darse cuenta, los impactos de la crisis aproximan sus experiencias de vida a las de las mujeres del sur global. Incluso cuando no son las primeras despedidas, las mujeres tienen que redoblar esfuerzos trabajando en otras actividades remuneradas, infrarremuneradas o no pagadas para mantener el presupuesto familiar por encima de la asfixia: limpieza, costura, impartición de clases, cocina y alimentación de terceros, cuidado de niños, actividades de artesanía, agricultura de terraza, etc. Por otro lado, los costes sociales y psicológicos de la crisis en el bienestar y la salud de las familias recaen principalmente sobre las mujeres. Exigen de ellas un esfuerzo adicional en un área de la economía que los economistas convencionales nunca han reconocido y sin la cual las sociedades no pueden subsistir: la economía del cuidado.Las mujeres, que soportan un fardo desigual cuando la austeridad impuesta por el neoliberalismo recae sobre las familias, saben bien que la solución es luchar por otro modelo económico que elimine las causas del fardo: reducción drástica de los presupuestos militares; reconocimiento público de las "otras economías" orientadas por las lógicas del don, la reciprocidad y la solidaridad, así como de las economías consideradas informales (a pesar de que ocupan la mayor parte de la actividad económica en muchos países), donde las mujeres tienen un protagonismo indiscutible; servicios públicos eficientes; fiscalidad progresiva; derechos de ciudadanía eficaces, incluyendo los derechos sexuales y reproductivos, que liberen a las mujeres del yugo del sexismo y del fundamentalismo religioso.
Fuente: Rebelión

miércoles, 18 de abril de 2012

soberanía de los pueblos…

En julio de 1987, en la Organización de la Unidad Africana y antes que cualquier otro líder africano Thomas Sankara, un pionero en la materia, denunció el sistema de la deuda implementado por las potencias occidentales, obviamente con la colaboración de algunos dirigentes del Sur y con el objetivo de recuperar la soberanía de los pueblos. Ese nuevo sistema destinado a oprimir a los pueblos de África, América Latina y Asia se basó principalmente en la aplicación de los planes de ajuste estructural (SAPs) impuestos por las instituciones de Bretton Woods (FMI y Banco Mundial) con el apoyo de las viejas metrópolis y en favor de las multinacionales del Norte. Consciente de que los principales acreedores internacionales pondrían en peligro su vida como consecuencia de esta última batalla, Thomas Sankara apeló a la creación de un frente unido contra la deuda pública. Veinticinco años más tarde, mientras el sistema de la deuda sigue provocando la apropiación de la soberanía popular y el empobrecimiento de la gran mayoría de la población africana, los pueblos del Norte también son víctimas de una crisis de la deuda sin precedentes. El colapso de la burbuja inmobiliaria y el rescate bancario llevado a cabo por los estados sin consulta pública - que ha agravado la carga de la deuda pública, en gran parte ilegítima - prueba hasta qué punto Thomas Sankara tenía razón cuando denunciaba el «casino» la economía. En los últimos treinta años los pueblos del Sur han estado luchando contra la dictadura de los acreedores y en particular la del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial dos instituciones anti-democráticas que sirven a los mercados financieros, así como a los grandes bancos privados y las multinacionales que provocaron la crisis económica actual. En este contexto de crisis y para resistir los ataques de las políticas de austeridad en todo el mundo ha llegado el momento de que la población mundial, del Sur y del Norte, responda a la llamada de Thomas Sankara y cree un frente unido contra la deuda pública.

domingo, 29 de enero de 2012

más necesaria que nunca...

La Red de Renta Básica cumplirá en febrero once años de andadura.
Sus planteamientos están calando en la sociedad y, al contrario de lo que pudiera pensarse en este momento ante la falta de disponibilidad económica entre las administraciones, es «más necesaria que nunca». 
Hablamos de la era de las grandes desigualdades, porque justamente la crisis ha acrecentado más las desigualdades entre una minoría ultra-rica y la inmensa mayoría de la población empobrecida. Políticamente, para los aires que corren, la renta básica es más difícil de poner en práctica, pero es precisamente por eso más necesaria. La situación económica y, por tanto, social que está provocando la crisis está llevando a muchísima gente a la pobreza y a la miseria. La idea de garantizar la existencia material a toda la ciudadanía, dada la situación social actual, al menos entre personas con sensibilidad social, va calando, lo mismo que la idea de que uno no puede ser libre si no tiene la existencia material garantizada. Por eso mismo, un pobre no puede ser libre. Esta concepción va calando y creo que seguirá tomando fuerza, más en esta crisis. ¿Qué hace falta para conseguir poner en marcha la renta básica universal?… Que organizaciones nuevas como Bildu y movimientos como el 15-M, que ha tenido su importancia para remover alguna conciencia, se interesen y apoyen su puesta en marcha. En Alaska cuentan con una renta básica desde hace 30 años, financiada de una manera especial con el petróleo y otras medidas. Desde mi punto de vista, la iniciativa de Alaska no es exacto a lo que proponemos, pero sí ha conseguido que la distribución de la renta de Alaska haya sido muy diferente a los restantes 49 estados de la unión, de Estados Unidos. Los resultados son tan positivos que nadie se atreve a pedir que la renta básica se suprima. Un profesor universitario me decía que si alguien dice lo contrario, tendría que salir huyendo por el estrecho de Bering. En México DF pasa algo parecido con una pensión básica para los mayores de 68 años. La derecha se opuso hace ocho años, pero los resultados han sido tan positivos que ya nadie se atreve a retirarla. Sin duda, la renta básica permitiría un poder de negociación en distintos órdenes de la vida.
Imagen: Diagonal

viernes, 20 de enero de 2012

una práctica de resistencia...

Cuando se le pregunta a La Vía Campesina sobre su concepto reivindicativo lo dicen rotundo y sin ánimo de despistar: no queremos más políticas agroalimentarias, para nada, lo que queremos es hacer y participar en las políticas agroalimentarias. 
También la propuesta de la Soberanía Alimentaria como construcción de otra forma de producir y consumir, es un ejemplo para otras propuestas pensadas para la creación de un mundo fuera del capitalismo. Hoy Soberanía Alimentaria camina de la mano del Decrecimiento, la Soberanía Energética, la monetaria  o el Buen Vivir... es también una respuesta que da esperanza a injusticias que no pueden esperar: hambre, crisis ecológica, pobreza rural, economías en crisis… un espacio físico de encuentro del pueblo militante y así lo dicen sus voces, «que no se atrevan a salvar nuestro mundo rural, ni a impedir que lo defendamos». Hacer Soberanía Alimentaria es finalmente una práctica de resistencia ―ni un campesino o campesina debe desaparecer― mientras se espera el cambio de modelo. Y por qué no, Soberanía Alimentaria es para muchas y muchos una utopía necesaria, que será realidad.

lunes, 19 de diciembre de 2011

la vida chiflada...

… La cosecha del hortelano la cambiaba por las gallinas y la leche del ganadero. El dueño de las gallinas cambiaba huevos por aceite en el molino. Los salmones que pescaba el cura le permitían comer carne cuando no alcanzaba con las limosnas ni la dote del obispado. Con la doctora era sencillo, el equivalente a un cerdo anual en carne y embutidos daba derecho a todas las visitas, purgas y consejos que recetaba. Sólo para algunas cosas, como los libros de la escuela, les obligaba a recurrir al uso del dinero. Entonces el tendero del pueblo les pagaba su miel, galletas, empanadas o pimientos en conserva con esos papelitos. ‘Los chiflados’ tan locos eran, que los dineros que no necesitaban pero tenían, los guardaban bajo los colchones. No vieron nunca con buenos ojos eso de las cajas de ahorro y bancos.Y así, siendo chiflados y pobres de remate,  llegaron los tiempos de la globalización alimentaria y el poder financiero. Y como una isla, quedaron rodeados por todas partes de crisis y crisis. La economía sin préstamos no caminaba, las familias sin sueldos poco podían comprar, y el Estado en déficit y quiebra rota nada podía ofrecer. En las ciudades necesitaban del grano producido a miles de kilómetros y el resto de comida la producían –congelada o enlatada- industrias en suspensión de pagos.En aquella tremenda crisis, donde el paro agarró a más de la mitad de la población, donde los ahorros se esfumaron o perdieron valor y donde los médicos ya no sabían curar sin medicamentos, la vida chiflada… fluyó como siempre, intercambiando verduras, ganado, esfuerzos y saberes, todo de fabricación local, al mismo ritmo natural de siempre.Las crisis económicas y de los dineros, aunque parezca una contradicción o una chifladura, sólo pueden resolverse con propuestas antieconómicas, como el decrecimiento, el buen vivir o la soberanía alimentaria, que nacen con la recuperación de valores humanos olvidados. Donde existe apatía pongamos entusiasmo; donde manda la competitividad coloquemos la solidaridad; si todo es dominación demos paso a la participación; y pongamos fin al reinado de la productividad para alcanzar fertilidad social. Cambios que nos permitan a su vez enfrentar con garantías las próximas crisis que ya asoman tras las esquinas y, que sí y mucho, nos deben preocupar: la crisis climática y energética.‘Ya no hay locos’ –decía León Felipe. Ese es el problema, ya no quedan chiflados.

lunes, 16 de mayo de 2011

las manos... por Gustavo Duch

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define el término rural como "inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas". En contraposición se refiere al término urbano como "cortés, atento, y de buen modo".

El cacique se levantó. Estaba rodeado de todas las personas del clan. El clan de los Urbanos. Estaban atrapados, en la encricijada, no más podían demorar la decisión. - Tomemos un nuevo camino, ¿Cual? ¿Por dónde? ¿Hacia dónde? ¿Para llegar a? ¿Con quiénes? - preguntó.
Las familias ya no cultivaban la tierra. Habían delegado la producción de alimentos a empresarios que con modernos métodos de cultivos - explotaciones, les llamaban - habían estrangulado todos los recursos naturales. A los pocos años, poco quedaba para comer, y menos quedaba que fuera comestible. Tanto gastaron y tanto despilfarraron que montañas de residuos, emitiendo gases pestilentes, les impedía respirar con regularidad . El oxígeno que llegaba a sus venas, y el agua que bebían en sus vasos, estaban infectados, y así, sus cuerpos enfermaban.
Habían perdido todo el control. El cacique y su asamblea de ancianos, ya no regulaban, no tenían poder. Habían entregado a las manos de una gran mano invisible su libertad. Todo tenía dueño, amo o gestor. También los saberes eran mercancía para esas manos invisibles, frías, atentas, cortesanas y aplastadoras. Y a todo eso le llamaron crisis.
El decidor, el hablador,  el que cuenta, el que sabe de otros clanes, se puso de cuclillas y tomó la palabra.
- Allí, más cerca de lo que parece, conocí de otro clan. Son los Rurales. Desde hace años entendieron más que nosotras y nosotros. A nuestro lado son precursores , innovadores... casi que son futurólogos. Porque supieron que vendría y actuaron:
Cada familia entregó su blasón, los cosieron y hecho uno y multicolor proclamaron en rebeldía su soberanía. Pactaron reducir, reciclar, reutilizar, y ese ejercicio que les hacía más grandes le llamaron decrecer. Pensaron, repensaron y reaprendieron el arte de cuidar la tierra para producir alimentos. Le llamaron agroecología. Recuperaron a sus espíritus que les recordaron cual era su mejor tesoro, sus manos. Tal vez toscas, pero manos palpables, que abrazan, que rodean, y - concluyó el hablador poniéndose en pie - calientes como el Sol.