domingo, 17 de agosto de 2014

como un puente...


Hoy te busqué
en la rima que duerme
con todas las palabras.
Si algo callé
es porque entendí todo,
menos la distancia.
Desordené
átomos tuyos
para hacerte aparecer.
Un día más, un día más...
Arriba el sol,
abajo el reflejo
de cómo estalla mi alma.
Ya estas aquí
y el paso que dimos
es causa y es efecto.
Cruza al amor,
yo cruzaré los dedos:
Y gracias por venir.
¡Gracias, porvenir!
Adorable puente,
se ha creado entre los dos.
Cruza al amor,
yo cruzaré los dedos:
Y, gracias por venir.
¡Gracias, por venir!
Adorable puente...
Cruza al amor...
cruza al amor por el puente.
Usa al amor:
Usa al amor como un puente... 


Fuente: Radio Saudade
Imagen: André Brito

miércoles, 13 de agosto de 2014

viene conmigo...


Conozco perfectamente mi dolor:
viene conmigo disfrazado en la sangre
y se ha construido una risa especial
para que no pregunten por su sombra.

Mi dolor, ah, queridos,
mi dolor, ah, querida,
mi dolor, es capaz de inventaros un pájaro,
un cubo de madera
de esos donde los niños
le adivinan un alma musical al alfabeto,
un rincón entrañable
y tibio como la geografía del vino
o como la piel que me dejó las manos
sin pronunciar el himno de tu ancha desnudez de mar.

Imagen: Ojo digital




 

sábado, 9 de agosto de 2014

con todos los de abajo...


Esto es lo que hicieron un grupo de mujeres migrantes mexicanas en diciembre de 2004 en el Este del Harlem, conocido como El Barrio, en Nueva York. Fueron puerta a puerta, edificio por edificio escuchando y entendiendo los problemas de sus nuevos vecinos para luego pensar juntos cómo los podían resolver. Nunca antes habían participado en una lucha social en México y no sabían hablar inglés, pero lo que si sabían era que muchos estaban en su misma situación. Ahora llevan ya 8 años organizándose por una vivienda digna y contra el desplazamiento neoliberal para evitar que les obliguen -como les pasó en su país de origen- a dejar su casa por culpa de la imposición de la cultura del dinero de los de arriba.  Así nació el Movimiento por Justicia del Barrio (MJB) que a día de hoy cuenta con 750 integrantes y 72 comités, uno por edificio.  Todos son autónomos y se reúnen periódicamente en el lobby de sus viviendas en donde consultan sobre los problemas que tiene cada vecino y deciden qué estrategias seguir para vivir dignamente. Los zapatistas son su inspiración, son adherentes a la Sexta declaración de la Selva Lacandona y parte de La Otra Campaña Nueva York. Definen su movimiento como zapatismo urbano y lo ven como otra manera de hacer política con todos los de abajo, con los que están siendo oprimidos por el capitalismo y maltratados por los malos gobiernos. Sólo así le devolveremos la dignidad a nuestras comunidades. Siendo migrantes sabemos que el sistema político y económico que nos expulsó de nuestro país de origen es el mismo que ahora busca desplazarnos de nuestras viviendas, pero luchamos contra las corporaciones multinacionales, contra los políticos y los de arriba, y nos organizamos para que esto no ocurra. Practicamos la democracia real, nuestra forma de lucha se basa en la decisión del pueblo y la comunidad es la que tiene la palabra. Para nosotros es primordial conocer al vecino, a la vecina, unirnos y luchar juntos, tomar decisiones de forma horizontal pero también lo es crear puentes con otras comunidades marginadas. Hoy en día, los vecinos de El Barrio siguen luchando contra el desplazamiento, esa es su lucha cotidiana. Cuando organizas, te das cuenta de que de repente tienes una familia enorme y que si nos tocan a uno nos tocan a todos. El único requisito indispensable para formar parte del MJB es organizar tu edificio. La otra forma de hacer política de la gente de El Barrio nos recuerda la reflexión del viejo Antonio, un viejo sabio recolector de historias y de la experiencia del pueblo, “el tiempo maya hecho hombre”, conocido por los cuentos del Subcomandante Marcos: “Las tres primeras de todas las palabras de todas las lenguas son democracia, libertad, justicia. Los hombres y mujeres verdaderos custodian como herencia esas tres palabras para que no se olviden nunca, las caminen, las luchen, las vivan”.

Marta Molina
Fuente: Otramérica

sábado, 2 de agosto de 2014

latiendo en la sangre…


Está detenida en el umbral de las preguntas. No se responde. Sólo yo que estoy aquí, oculta, puedo soñar, vislumbrar conjunciones, caminos que se bifurcan. Sólo yo siento los imperativos de la herencia, mientras ella intuye vuelcos en su corazón, sin poder nombrarlos. Los españoles decían haber descubierto un nuevo mundo. Pero nuestro mundo no era nuevo para nosotros. Muchas generaciones habían florecido en estas tierras desde que nuestros antepasados, adoradores de Tamagastad y Cippatoval, se asentaron. Éramos nahuatls, pero hablábamos también chorotego y la lengua niquirana; sabíamos medir el movimiento de los astros, escribir sobre tiras de cuero de venado; cultivábamos la tierra, vivíamos en grandes asentamientos a la orilla de los lagos; cazábamos, hilábamos, teníamos escuelas y fiestas sagradas. ¿Quién podrá saber cómo sería ahora todo este territorio si no se hubiera dado muerte a chorotegas, caribes, dinones, niquiranos...? Los españoles decían que debían "civilizarnos", hacernos abandonar la "barbarie". Pero ellos, con barbarie nos dominaron, nos despoblaron. En pocos años hicieron más sacrificios humanos de los que jamás hiciéramos nosotros en la historia de nuestras festividades. Este país era el más poblado. Y, sin embargo, en los veinte y cinco años que viví, se fue quedando sin hombres; los mandaron en grandes barcos a construir una lejana ciudad que llamaban Lima; los mataron, los perros los despedazaron, los colgaron de los árboles, les cortaron la cabeza, los fusilaron, los bautizaron, prostituyeron a nuestras mujeres. Nos trajeron un dios extraño que no conocía nuestra historia, nuestros orígenes y quería que lo adoráramos como nosotros no sabíamos hacerlo. ¿Y de todo eso, qué de bueno quedó?, me pregunto. Los hombres siguen huyendo. Hay gobernantes sanguinarios. Las carnes no dejan de ser desgarradas, se continúa guerreando. Nuestra herencia de tambores batientes ha de continuar latiendo en la sangre de estas generaciones. Es lo único de nosotros, Yarince, que permaneció: la resistencia.

jueves, 31 de julio de 2014

era el mar…

Era yo entre dormida y despierta
un paisaje de ningún lugar
eran olas gigantes y luego
era yo acariciando la mar.

Era un mar, era yo, todo junto
era espuma, pero era verdad
una noche, quizás fue soñando
era el mar.

Era yo entre las olas de fuego
sol de agua, perfume de sal
yo nadando, era viento poniente
eras tú y éramos todo el mar
y después el sol se despedía
ámbar, brillo, marina, tu voz
era un beso salado y el mundo
se hizo mar, se hizo tú, se hizo yo.

Y allí estabas también tú
o era el mar disfrazado de ti
tan profundo, tan bello, tan tuyo
eras tú y era el mar sobre mí.

 

sábado, 26 de julio de 2014

el último trago...

A fuerza de saldar cuentas con mi destino,
recordé un instante dónde había nacido.
Soy una palabra, un gesto, un latido,
y otras veces sólo un montón de escombros
del último derribo.

Cuántas otras torres más altas han caído,
cuántas horas muertas nos han perseguido.
Mientras gota a gota se deshace el frío,
la última copa tómala conmigo.

Nada es tan urgente, todos se han dormido,
la bola del mundo colgada de un hilo,
las luces que tiemblan  en el precipicio,
la gente corriente que busca un sentido
a todo este invento en el que vivimos.

Cuando no cuentas con nada,
tan sólo cuentas pendientes,
cuando no quedan palabras
que alimenten la distancia,
cuando no creas en nada,
por favor, confía en mí.

Mientras gota a gota se desborda el río,
el último trago tómalo conmigo.
Si la noche se desploma
contra un sol madrugador
y se llena de preguntas la mañana,
sabes que tienes mi amor.
A fuerza de golpes
por fin lo aprendimos,
que no hay peor vida
que la que no vivimos.
Cuando ya no tengas ganas
ni de casi tener ganas,
por favor, confía en mí.
Y mientras gota a gota se deshace el frío,
La última copa tómala conmigo.

Fuente: MUJERES

lunes, 14 de julio de 2014

en los temblores del parto…


El viento arrastra el polen,
y nuestra tierra se sacude de noche en los
temblores del parto.
El verdugo se engaña a sí mismo,
contándose la historia de la incapacidad,
la historia de la ruina y los escombros.
¡Joven mañana nuestra!... Cuéntale tú al verdugo
cómo son los temblores del parto;
cuéntale cómo nacen las margaritas
del dolor de la tierra,
y cómo se levanta la mañana
del clavel de la sangre en las heridas.