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sábado, 22 de agosto de 2026

QUERIDA MÍA...


Ya no hay sangre. La tierra, sorbo a sorbo, se la ha bebido, empapando mis ropas y mis huesos. El recogido de mi pelo, deshecho ya sobre la nuca, se mezcla con los terrones ensangrentados, formando hilos que se enredan entre sí. 

En el momento de la descarga, mi cuerpo ya sin vida cayó sobre otro. En la saca de esta noche, ante tanto terror, algunos se abrazaron llorando. Yo quise mantenerme firme y mirar a los ojos de los que nos dispararon. Podía oír cómo reían y gritaban los del pelotón, pero también sentía cómo temblaban sus manos antes de apuntar y afinar el tiro. Algunos vomitaron viendo cómo caíamos a la gran fosa. Por mucho alcohol que llevaran en sus venas, formar parte de la matanza los sacudía.

Aún caliente, mi cuerpo recibió al niño que cayó tras de mí. Lo acogí como la madre que soy, en un abrazo ya eterno. Su sangre se fundió con la mía y juntos cerramos los ojos ya para siempre. Jamás pensé que la crueldad llegara a tanto.

[…] Muero convencida de que cambiaremos el mundo. Nuestras ideas prevalecerán por encima de la muerte y la barbarie. 

Pensad en mí.

No me olvidéis. 

Juntas somos la sal de la tierra.


domingo, 16 de septiembre de 2012

tiempos para la memoria...

Arturo Lodeiro fue fusilado el mismo día de su boda. De hecho, nunca llegó a ver a Julia Muñoz como esposa. Se casó en articulo mortis. El 27 de abril de 1940, tras 10 meses encarcelado por estar afiliado a la CNT, Arturo contrajo matrimonio con el que había sido el amor de su vida, Julia. Ambos tenían una niña de dos meses. Apenas unas horas después, a la edad de 35 años, fue ejecutado. ¿Delito? “No consta”, según señala el certificado de Instituciones Penitenciarias que da fe de su entrega al piquete de ejecución. “¡Lo mataron sin saber por qué! Es mi deber moral que esta historia se conozca”, cuenta indignada Julia Mota, 68 años después de la ejecución de su abuelo. En su última carta, horas antes de ser fusilado, Arturo daba cuenta a Julia de su última voluntad. “Adorada esposa: En este momento realizo mi voluntad por lo cual puedo llamarte al final de mi vida, esposa mía, y a mi niña, hija verdadera. A pesar de que los momentos no son de los más agradables, al menos me cabe la alegría de haber cumplido contigo como Dios manda. Ya, querida nenita, puedes llamarme esposo, y cuando hables a nuestra Julina de mí, le digas que su papaíto la quería mucho por ser hija tuya y por quererte como jamás quise. Tú, Julia mía, procúrate una relativa y sana felicidad. No le des a mi nena un padre que sea malo”, escribe Arturo. Julia encontró otro hombre y cumplió la voluntad de su marido de darle a su hijo un padre que no sea “malo”. A lo largo de 60 años, la viuda guardó cada una de las cartas que Arturo le escribió en diminutos papeles de tabaco de liar que le entregaba cosidos en los pantalones como si de diamantes se tratara. Algunas eran de amor, otras trataban la realidad de la cárcel y otras, regañaban a Julia. “Nena, te tengo dicho que no me mandes comida. Sé que tú no tienes y no puedo tolerar que tú pases hambre. No vuelvas a hacerlo”, insiste Arturo a Julia. Sin embargo, gran parte de las diminutos mensajes de Arturo a su mujer iban dirigidos a la educación de la pequeña recién nacida. “No le eduques en la venganza hazle saber la necesidad que tiene de querer”… Julia, su nieta, se crió escuchando a su abuela recordar la bondad de Arturo, “hombre de ímpetu, idealista y soñador”. De pequeña pensaba que era una loca por como me sentía al pensar en mi abuelo. Después encontré a más gente en esta lucha, unidos por una misma causa y, aunque sean malos tiempos para la memoria, es mi deber que esta historia se conozca”, concluye la nieta de Arturo Lodeiro y Julia Muñoz. 
Alejandro Torrús
Fuente: Público
Imagen: Eladio Belles


domingo, 25 de marzo de 2012

un poco más...

Christopher Lagunes

Somos Hijos e hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio. Luchamos por la patria que soñaron nuestros compañeros desaparecidos, y que también soñamos nosotros. Luchamos por un país sin genocidas sueltos, con Juicio y Castigo. En nuestros 16 años de lucha nunca paramos de buscar a nuestros hermanos apropiados, esos más de 400 jóvenes que aún no conocen su verdadera identidad...
Cuando en 2002 estrenamos Los niños perdidos del franquismo la sociedad española se estremeció al ver que el robo de niños que habíamos llorado en el contexto de la dictadura argentina también se había producido en España. Gracias a la investigación que realicé con Ricard Belis (con la asesoría histórica de Ricard Vinyes), desvelamos uno de los pasajes más siniestros de la dictadura franquista, esa que algunos se empeñan en vendernos como light y superada por el hada buena y amnésica de la Transición. Lo que empezó siendo una terrible represión política se convirtió en una represión moral y un negocio revestido de caridad que terminó como simple tráfico de bebés. Son muchos los padres a los que se les comunicó que su hijo había muerto en el parto. Si insistían, se les enseñaba un bebé congelado, siempre el mismo, que posteriormente será reconocido por más parejas. No existe la historia clínica, el niño no está inscrito en el registro, no hay certificado en el cementerio. ¿Donde está ese niño? Será muy difícil obtener pruebas que atesoren que esos robos eran parte del proyecto del Estado franquista. Pero, aunque nos falte alguna pieza del puzzle, la imagen es diáfana. Para quien la quiera ver, claro.
Fuentes: H.I.J.O.S.