De rodillas en el suelo, unta con
cemento la parte trasera de unas baldosas marrones. Una a una, las va colocando
sobre la pared. No es muy difícil, asegura, sin dejar de prestar atención al
trabajo que tiene entre manos. Aprendí a hacerlo observando a un señor que vino
a mi casa para arreglar el suelo. Al cabo de un rato, mira su obra inacabada y
añade, me gustan los colores vivos; hacen que la vida resulte alegre. Jimena
Basualto es una mujer de 42 años que vive en Monte Patria, un pueblo de 6.000 habitantes
que queda al interior de la cuarta región chilena. Dejó sus estudios a
los 17 años porque, explica, nunca le interesó estudiar. Pero aprender sí,
aclara. Siempre me ha gustado demostrarme a mí misma todo lo que soy capaz de
hacer. Y siguiendo este impulso suyo por aprender y superarse, se embarcó hace
dos años en un proyecto de vida bien ambicioso para alguien que no tiene
nociones de construcción, bromea, divertida. Pero aun sin tener mucha idea de
construcción y con pocos recursos, Jimena da alas al primero de sus sueños:
‘Canta Viento’, un restaurante construido únicamente a partir de material
reciclado. Muchos me decían que lo que yo quería hacer no tenía ni pies ni
cabeza. Pero poco a poco fui perdiendo el miedo a que me tomaran por loca y me
centré en lograr lo que quería lograr. Y cuando lo consigues, tomas
impulso para hacer cada vez más cosas fuera de lo establecido. Es maravilloso.
Una se siente como un niño. Y mirando hacia el horno recién construido, un cubo
de latón cubierto con una mezcla de barro y botellas de vidrio molidas, añade: Yo
sé que la niña que fui nunca se fue. Por eso hago estas cosas, porque no tengo
miedo de crear ni de soñar… igual que un niño. Y
es que Jimena, en lugar de rendirse ante la falta de recursos, echó a volar su
imaginación y decidió sacar su sueño adelante de todas formas. Así, comenzó a
hacer uso de todo lo que los demás desechaban. La parte más fácil era encontrar
los desechos. Chile genera más residuos que cualquier otro país
latinoamericano, y muchos de ellos van a parar a los llamados “vertederos
clandestinos”, uno de los grandes problemas medioambientales del país. Entonces,
vuelve la cabeza hacia las baldosas que está untando con cemento y comienza a
tararear un tema de Alberto Cortez. Se llama ‘Castillos en el aire’. Es mi
canción preferida”, explica antes de comenzar a cantar… Quiso volar igual que las gaviotas, libre en el aire, por el aire
libre… Y los demás dijeron ‘¡pobre idiota, no sabe que volar es imposible!’
Pero él alzó sus sueños hacia el cielo y poco a poco fue ganando altura. Y los
demás quedaron en el suelo, guardando la cordura…
Fuente: periodismo humano