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domingo, 25 de septiembre de 2011

ideas que invitan...

Imagen: ATTAC
Es frecuente encontrar, en los últimos tiempos, a gentes que muestran un creciente escepticismo en lo que se refiere al futuro del movimiento del 15 de mayo. Si en unos casos tal vez le piden demasiado a una iniciativa que tiene apenas cuatro meses, en otros parecen olvidar que luego del paréntesis estival puede abrirse camino un claro repunte del movimiento… Cinco ideas invitan a mantener encendida la llama de la confianza que merece un movimiento que ha roto, por fortuna, muchos moldes.
El 15-M configura, por un lado, un inédito espacio de experimentación a través de la asamblea y ha permitido, por el otro, la reunión de gentes muy dispares, en una actitud de genérico respeto de las diferencias.
Cualquier persona que se acerque desprejuiciadamente al 15-M tendrá rápidamente la oportunidad de comprobar que las demandas de l@s activistas -el programa que defienden, si queremos decirlo así-  son mucho más radicales y consecuentes que lo que retratan los medios de comunicación progresistas.
Son cada vez más claramente conscientes de que el futuro del 15-M pasa por su consolidación en la forma de un movimiento que, asambleario y autogestionario, plante cara al capitalismo en todos los órdenes de la vida y lo haga, por añadidura, desde perspectivas antipatriarcales, antidesarrollistas e internacionalistas.
Todo invita a concluir, antes bien, que la defensa obscena de los intereses y de las prácticas especulativas del gran capital va a ganar terreno en los próximos meses. Se multiplican, en cambio, los datos que obligan a pertrechar respuestas en la calle como las que propicia el movimiento.
Muchas gentes han empezado a descubrir que pueden hacer cosas que antes no estaban en su horizonte mental. Y que las pueden hacer colectivamente. Éste es un legado muy estimulante para lo que se avecina en los años venideros.     

miércoles, 21 de septiembre de 2011

siempre es tiempo para la poesía...

elorodelosdioses
(...) Yo no rechazo, pues, las guerras revolucionarias siempre que ellas sean necesarias y posibles, pero sí he de rechazar, claro, que, como se suele hacer desde el Poder de los ricos, se llame terrorismo a las guerras de liberación de los pobres, y guerras, más o menos «humanitarias», a las acciones terroristas de los ricos. En estos últimos tiempos se ha adelantado al primer plano de lo «actual» el tema de la «indignación» ante las injusticias, y yo me he permitido recordar la insigne -e indignada- figura del gran irlandés Jonathan Swift, de quien dice la prologuista en castellano de sus «Irish Tracts» (La cuestión de Irlanda) que su «pasión por la libertad» se alternaba con una actitud de ambigüedad muy coherente, la de la indignación. Así fue que Swift, el más audaz defensor de Irlanda frente a los ingleses, es a su vez su más duro fiscal, y en su relación con ambos pueblos lo domina «una indignación salvaje» que no le impide, sino al contrario, cultivar el humor, como hizo en su obra maestra «Modesto Proyecto» (...) Sea válida esta muestra para animar a la práctica del humor entre los revolucionarios de las próximas generaciones, otro ingrediente que no nos ha sobrado hasta hoy y que no puede ser sustituido con malas palabras o con ocasionales chistes como suele hacerse empleando muy mal el vocabulario la mayor parte de las veces. El humor es una respiración del alma y deberíamos cuidarlo como a las niñas de nuestros ojos. Una revolución debe aportarnos también esa alegría y eso debemos tenerlo muy en cuenta, y que al entusiasmo y al optimismo habrá que sentarlos siempre que podamos a nuestras mesas, en las que normalmente ha habido demasiados rostros tristes y mucho énfasis retórico.
También hemos de traer con nosotros las bellezas de nuestros lenguajes y la precisión -que ya es también belleza- de sus significados. Estamos perdidos si dejamos a los mercaderes las palabras. Ensalcemos, pues, la poesía y pongámosla a gran altura. Siempre es tiempo para la poesía.
Modestas ideas para las próximas revoluciones